Tus amigos no te conseguirán tu próximo trabajo: marca personal para estudiantes
Por Joan Martín

Hace unos días, en una charla sobre marca personal y redes sociales con estudiantes de último curso de ADE de la UIC Barcelona, les hice una pregunta bastante sencilla:
¿Por qué tenéis redes sociales?
La respuesta se repitió bastante: para entretenerme y para estar en contacto con mis amigos. Tiene toda la lógica.
Después pregunté quién tenía LinkedIn y ahí las manos bajaron bastante. TikTok, en cambio, lo conocían todos. Y confieso que me sorprendió.
No porque crea que con 21 o 22 años uno debería levantarse cada mañana pensando en optimizar su perfil profesional. Bastante tienen ya. Me sorprendió porque estaban a pocos meses de entrar de lleno en el mercado laboral y muchos todavía no habían conectado dos mundos que, para ellos, seguían bastante separados: su vida en redes y su vida profesional.
Quizás ahí está precisamente el problema. Llevamos años llamándolas «redes sociales», pero muchas veces las utilizamos como plataformas de contenido. Entramos para ver vídeos, fotos, memes, noticias o qué han hecho nuestros amigos el fin de semana. Y olvidamos un poco la primera palabra: redes.
De eso va este artículo: de qué es la marca personal cuando todavía estás estudiando, de por qué tu próxima oportunidad vendrá casi seguro de alguien a quien apenas conoces y de por dónde empezar sin convertirte en un personaje.
Tus amigos probablemente no te consigan tu próximo trabajo: los vínculos débiles
Hay una teoría que me gusta mucho y que durante la charla cobró bastante sentido.
En 1973, el sociólogo Mark Granovetter publicó The Strength of Weak Ties, una investigación que defendía el valor de lo que llamó los «vínculos débiles».
Tus amigos, tu familia o las personas con las que hablas continuamente son vínculos fuertes. Son importantísimos, claro. El problema es que normalmente se mueven por círculos bastante parecidos a los tuyos, conocen a gente parecida y reciben información parecida.
Un antiguo compañero de clase con el que hablas dos veces al año, alguien que conociste en unas prácticas, una persona con la que coincidiste en un evento o ese profesional con el que llevas meses intercambiando algún comentario en LinkedIn pertenecen a otra categoría. Son vínculos débiles.
Y precisamente porque viven un poco más lejos de tu círculo habitual pueden conocer empresas, personas y oportunidades que tú no conoces.
Lo que dicen los datos de 20 millones de usuarios de LinkedIn
La teoría tiene ya más de 50 años, pero hay una parte bastante bonita de esta historia: décadas después hemos podido comprobarla a una escala que Granovetter difícilmente habría imaginado.
En 2022, investigadores de LinkedIn, MIT, Stanford y Harvard publicaron en Science un gran experimento realizado sobre más de 20 millones de usuarios de LinkedIn durante cinco años. En ese tiempo se crearon alrededor de 2.000 millones de nuevas conexiones y 600.000 empleos.
¿El resultado? Los vínculos débiles favorecían más la movilidad laboral que los fuertes. Y había un matiz todavía más interesante: los que mejor funcionaban eran los vínculos moderadamente débiles. Gente que no es de tu círculo cercano, pero tampoco un completo desconocido. Además, el efecto era mayor en los sectores más digitales.
A mí esto me parece fascinante. Porque cuando aquellos estudiantes me decían que utilizaban las redes para mantener el contacto con sus amigos tenían razón. Pero profesionalmente quizás deberían empezar a utilizarlas también para algo más: conocer a las personas que todavía no conocen.
Qué es la marca personal (y por qué sirve para los que todavía no saben quién eres)
Aquí es donde entra la marca personal. Y no hablo de convertirse en influencer. Ni de publicar todos los días en LinkedIn una reflexión sobre liderazgo acompañada de una foto mirando al horizonte.
Marca personal es algo bastante más sencillo. Es conseguir que una persona que apenas te conoce pueda hacerse una idea razonablemente acertada de quién eres profesionalmente:
- Qué te interesa.
- Qué sabes hacer.
- Cómo piensas.
- Qué has hecho ya.
- Y qué podrías aportar.
Durante la charla trabajamos precisamente esta idea. Todos tenemos una marca personal aunque nunca hayamos decidido construirla: nuestras interacciones, proyectos y publicaciones van dejando señales sobre nosotros. La diferencia está entre dejar esas señales al azar o pensar un poco en ellas.
Marca personal para estudiantes: qué enseñar cuando aún no tienes experiencia
Esto es especialmente interesante cuando todavía tienes poca experiencia laboral. Porque un estudiante no puede competir en años de experiencia con alguien que lleva diez trabajando. Pero sí puede empezar a demostrar curiosidad, criterio, capacidad para aprender o conocimiento sobre un tema.
- Un trabajo de universidad puede convertirse en un caso.
- Un TFG puede enseñar en qué estás profundizando.
- Puedes analizar una campaña que te haya llamado la atención.
- Explicar cómo resolviste un problema en unas prácticas.
- Compartir algo que has construido.
- Comentar con criterio el contenido de alguien de tu sector.
En la charla lo resumíamos de una forma bastante sencilla: no publiques para parecer experto; publica para dejar evidencias de lo que sabes hacer y de cómo piensas.
Porque cuando alguien que no te conoce llegue a tu perfil, necesitará señales.
El currículum dice qué has hecho; internet enseña cómo eres haciéndolo
Creo que esta diferencia va a ser cada vez más importante.
- Un CV puede decir que sabes de marketing digital. Tu presencia online puede enseñar un análisis que hayas hecho de una campaña.
- El CV puede decir «capacidad analítica». Internet puede mostrar cómo argumentas una decisión.
- El CV puede poner «trabajo en equipo». Un proyecto puede explicar qué parte hiciste tú, qué problema apareció y cómo lo resolvisteis.
Y ahora que la inteligencia artificial puede ayudarnos a escribir currículums, cartas de presentación y perfiles impecables, esa evidencia todavía gana más valor. Todos podemos sonar bastante bien. Es más difícil fingir durante mucho tiempo una colección coherente de proyectos, conversaciones, decisiones y criterio.
Por eso una de las frases de la charla era que, si todos tenemos acceso a las mismas herramientas de IA, quedan cosas que el prompt no trae de serie: experiencia, proyectos, punto de vista, relaciones y reputación.
¿Miran las empresas tus redes sociales antes de contratarte?
Hay otro dato que cambia bastante la conversación. En España, el 49 % de las empresas asegura en 2026 que revisa las redes sociales de los candidatos durante los procesos de selección, según un estudio de InfoJobs. Y, entre las que lo hacen, LinkedIn es con diferencia la más consultada: la mira el 87 %.
Pero cuidado, porque sería muy fácil sacar de aquí la moraleja equivocada.
No creo que un estudiante tenga que empezar a vivir preocupado por si una empresa verá la foto que publicó el sábado. La vida privada existe. Puedes tener Instagram para tus amigos. Puedes decidir qué muestras y qué no. No hace falta convertir toda tu existencia en una estrategia de marketing.
El aprendizaje es otro. Conviene saber qué es público, qué dice de ti y, sobre todo, qué encontrará alguien que quiera saber algo más sobre tu perfil profesional.
Porque hay una diferencia enorme entre que alguien te busque y no encuentre nada malo y que te busque y encuentre motivos para llamarte. Esto último es marca personal.
LinkedIn tampoco es el objetivo: qué red social elegir
Otra cosa que intenté transmitirles es que LinkedIn no debería ser el punto de partida. Antes vienen preguntas bastante más difíciles:
- ¿Qué me interesa?
- ¿Qué sé hacer?
- ¿Para quién puedo ser útil?
- ¿Qué quiero aprender?
- ¿Qué puedo demostrar hoy, aunque todavía esté empezando?
Después elegiremos LinkedIn, TikTok, Instagram, YouTube, una web, un portfolio o lo que tenga sentido.
De hecho, una de las ideas de la sesión era precisamente esta: no existe una red social en la que obligatoriamente haya que estar. Existe aquella donde están las personas a las que quieres llegar y cuyo lenguaje encaja contigo.
TikTok puede ser una herramienta profesional estupenda. Instagram también. El error sería pensar que una plataforma es profesional o personal por naturaleza. Depende bastante de para qué la uses.
El networking empieza mucho antes del primer mensaje
También hablamos de networking. Y creo que aquí cometemos otro error bastante habitual: pensamos en nuestra red de contactos precisamente cuando necesitamos algo de ella.
Busco trabajo. Abro LinkedIn. Encuentro a alguien de Recursos Humanos. Le escribo.
Pero una red no funciona demasiado bien así. Las relaciones profesionales se parecen bastante a las personales: necesitan tiempo, contexto y cierta reciprocidad.
Primero sigues a alguien. Después lees lo que publica. Algún día comentas. Otro aportas algo. Acabáis conversando. Quizás conectáis. Y bastante más adelante puede aparecer una oportunidad.
En la presentación había una frase que lo resumía mejor: no construyas tu red de contactos el día que necesitas contactos.
Visto desde la teoría de Granovetter, tiene todavía más sentido. No sabes cuál de esos pequeños vínculos acabará conectándote dentro de tres años con una persona, una empresa o un proyecto que hoy ni siquiera sabes que existe.
Por dónde empezar esta semana
Si has llegado hasta aquí y no sabes por dónde tirar, esto es lo que yo haría, en este orden:
- Búscate. Escribe tu nombre en Google y mira qué sale. Eso es lo que verá quien quiera saber algo de ti.
- Contesta a las cinco preguntas de más arriba antes de abrir ninguna red. Con dos líneas por pregunta basta.
- Elige una sola red: aquella donde están las personas a las que quieres llegar.
- Convierte algo que ya has hecho en una evidencia. Un trabajo de clase, el TFG, unas prácticas. Cuenta qué problema había, qué hiciste tú y qué aprendiste.
- Sigue a diez personas de tu sector y comenta con criterio. Sin pedir nada. Son tus futuros vínculos débiles.
Y dentro de seis meses, vuelve al primer punto.
Por qué aquella respuesta era tan buena
«Tengo redes sociales para estar en contacto con mis amigos».
Perfecto. Que sigan haciéndolo. Pero quizás merece la pena añadir una segunda capa.
Utilizarlas también para aprender de gente que sabe más que tú. Para conocer sectores. Para enseñar cosas que haces. Para descubrir empresas. Para participar en conversaciones. Para que otras personas vayan sabiendo que existes.
Sin convertirte en un personaje. Sin pensar que todo tiene que monetizarse. Sin dejar de publicar tonterías con tus amigos si te apetece. Simplemente entendiendo que tu red también puede ser un activo profesional.
Al final de la charla les propuse volver a buscar su nombre dentro de seis meses y hacerse una pregunta: ¿qué quiero que encuentre esa persona que hoy todavía no existe?
Puede ser un recruiter. Una directora de marketing. Un emprendedor buscando a alguien para un proyecto. Un antiguo compañero que se acuerda de ti. O uno de esos vínculos débiles de Granovetter.
No sabemos quién será. Y esa es precisamente la gracia.
La marca personal no consiste en adivinar de dónde vendrá tu próxima oportunidad. Consiste en haber dejado suficientes pistas para que, cuando aparezca, alguien pueda pensar: «Igual deberíamos hablar con esta persona».
Que te conozcan está bien. Que sepan por qué deberían contar contigo es bastante mejor.
¿Tú cómo lo ves?_